Comunidades / Templos

Yuriria, Gto.

San Pablo Apóstol.

Templo de San Pablo Apóstol Yuriria, Gto.

Ficha de Datos:

TITULAR:

San Pablo Apóstol

FUNDACION:
1550
ACTIVIDAD:
Parroquial
DIRECCION:
Fernando Núñez No. 1, Yuriria, Gto.
TELEFONO:
(445) 1682-103
FAX:
 
COMUNIDAD

Fr. Alfonso López Ortiz (Prior y Ecónomo)
Fr. Arturo Nuñez Díaz (Ecónomo)
Fr. Raúl Javier Abad
Fr. Ignacio Camarena González
Fr. Alberto Martín Martínez García (Vicario de San Adrés Enguaro)
Fr. Manuel Soto Zavala
Fr. Gabriel Salazar Gómez
Fr. Luis Gonzalo Robledo Andrade (Vicario de San Pablo Casacuarán)

Su nombre original fue Orirapúndaro. Era frontera entre tarascos y chichimecas, lugar de constantes luchas pues ambas etnias lo disputaban. Perteneció a la Parroquia de Puruándiro, de la que fue segregado por Don Vasco, para entregarlo a los agustinos. Fr. Alonso de la Veracruz, en uno de sus provincialatos, envió a Fr. Diego de Chávez para fundar casa. Llegó a Yuriria en 1550 y desde luego inició la edificación del convento, al mismo tiempo que trazaba la urbanización del pueblo, dotándolo de calles, cañerías, escuelas, hospital, etc., pero los indígenas formaban un grupo de personas totalmente desordenado y continuamente amenazado por guerras. La construcción del convento se comenzó en un lugar cercano a un cráter apagado y con bastante liquido en su superficie, conocido como La Joya. Resultando inconveniente tal predio, se procedió a otra fabrica en el sitio en donde actualmente se encuentra.

Los cronistas al escribir esta obra, suelen usar generosamente de la hipérbole. Nos dicen que es la más grande construcción del Nuevo Mundo; su torreón se pierde entre las nubes y solamente es mayor el corazón de quien lo construyó, etc. No obstante, algo hay de verdad en esas apreciaciones, pues en esos días no se había levantado aún un edificio religioso de tales dimensiones, y el mismo Virrey, al tener noticias de ello, dispuso terminantemente se detuviese el trabajo. Fr. Diego, quien además de otras cualidades era un verdadero diplomático, se presentó personalmente ante el Virrey, obteniendo la concesión de proseguir.

La Iglesia, en efecto, es de considerables dimensiones: tanto si longitud, latitud como altura, son muy vasta con un basamento de tal manera firme, que llena de estupor a quien lo contempla. La portada es grandiosa en sus cuerpos, calificada como de orden plateresco indígena. En muchos puntos es similar a la de Acolman, si bien con el añadido del gusto indígena. Es curioso que en los dos escudos nobiliarios que aparecen, esté esculpido en uno, la heráldica de las armas españolas, mientras en el otro, un ave con las alas abiertas: se antoja el águila azteca. Se ingresa al convento por un bellísimo portal constituido por tres amplios arcos, conocidos como Portal de Peregrinos. El claustro puede calificarse de ejemplar maravilloso, pues los estilos plateresco, gótico y neoclásico, se mezclan en atinada armonía. Hay residuos de pintura; lamentablemente se ha perdido casi totalmente. La planta superior, primitivamente de madera, ha sido sustituida con una de piedra y de cal y canto, por cierto con muy buen gusto. La escalera es monumental, labrada en corazón de mezquite, se encuentra en la actualidad casi en el mismo estado en el que se colocó originalmente. Debido al tonelaje de la enorme masa, fue preciso, según el criterio de entonces, adosar a los muros unos contrafuertes monstruosos por sus dimensiones, pues en 1608 se hizo la bóveda el 2º piso. Aunque la idea y supervisión son de Fr. Diego de Chávez, el verdadero constructor fue el alarife Don Pedro del Toro, progenitor que fue del primer provincial criollo que gobernó la Provincia de Michoacán. Fr. Diego, obrero infatigable, atento no solo a lo religioso, trató de resolver muchos otros problemas a favor del pueblo: éste, aunque contaba con algunos manantiales, sufría escasez de liquido, de modo que, calculando con exactitud la densidad y hundimiento natural del suelo, cabo una anchísima zanja desde desde el río Lerma, así transportó agua para el pueblo, estableciendo una pequeña pero auténtica laguna, procediendo después a poblarlo con diversas clases de peces. Todavía en estos días se consumen con fruición por los habitantes del lugar y los alrededores.

< Regreso