Nos hiciste Señor para ti…San Agustín

La frase reza del siguiente modo:
“Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón permanece inquieto hasta que descanse en ti”
Una gran verdad y una gran forma de decirlo de forma elocuente y convincentemente. Cuando oímos la frase realmente nos ilumina porque pensamos: Eso es lo que yo he sentido.
Es una realidad. Dios nos ha creado para El. Todos sentimos la necesidad de estar hacia El, con El, por El. Cuando nuestra vida se desvía de lo que debe de ser, es cuando experimentamos esa desesperación, ese malestar terrible de no estar en paz con nosotros mismos ni con nadie más. Es un sentimiento terrible de remordimiento, de intranquilidad, de desasosiego.
En cambio, cuando nuestras acciones y pensamientos van encaminadas a Dios y hacemos y vemos en nuestro prójimo a ese Dios amoroso, es cuando empezamos a experimentar la paz de sentirnos sus hijos.
También debemos de reconocer que no podemos estar totalmente en esa tranquilidad. Por muy santos que fuéramos, necesitamos siempre más. Es esa inquietud de la que habla san Agustín. Permanecemos inquietos, molestos, con una necesidad ahí guardada, tenemos que seguir en esa búsqueda constante porque no podemos hacer sino experimentar la necesidad diaria de Dios.
Llevar una vida virtuosa, una vida de oración, una vida de testimonio, ayuda en gran medida a encauzar todos estos actos a la cercanía con Dios. Hacer estas cosas nada más por cumplir, lo único que resulta es en aburrimiento y en dejar de realizar estas labores, pues no se les encuentra sentido, tarde o temprano dejamos de hacerlas.
La necesidad de Dios permanece siempre, y no hay nada que la calme. Hay momentos en que esta inquietud se siente en mayor medida y siempre es imperativo responderle, pues no se puede vivir con la llamada de arriba y no quererle responder.
Seamos generosos en nuestra entrega a Dios, que nuestra vida sea eso, entrega: en nuestras diversas actividades, laborales, profesionales, empresariales, de familia, de hijos de padres, Una entrega a Dios siempre generosa para que al fin de nuestra vida, esa inquietud agustiniana, descanse en Dios.
RP
<
Regreso