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Acción de Gracias por el aniversario 18 de la presencia de los Agustinos en Ciudad Madero, Tamps.

 

Cuando el Papa Alejandro IV en el año 1256 integró a los seguidores de San Agustín, bajo una identidad religiosa, estaba brindando frescura y vigor a la Iglesia para responder a los retos y desafíos pastorales que le planteaba la sociedad de aquel momento histórico. De esta manera, el Espíritu de Dios fecundaba a la Iglesia con la  Espiritualidad de la Orden Agustina que, hasta nuestros días, habría de revitalizar la fe del Pueblo de Dios.
Posteriormente, el 17 de Marzo de 1602, aparece la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, con el compromiso claro de prestar un servicio cualificado a la Iglesia en la construcción del Reino de Dios. Realmente el trabajo incansable de nuestros misioneros por evangelizar grandes regiones de nuestro país, especialmente en Tierra Caliente en los Estados actuales de Michoacán y Guerrero, ha quedado registrado en los anales de nuestra historia, como una gesta digna de todo reconocimiento.
Hace ya 18 años, los agustinos, escuchando la voz del Pastor de esta Diócesis, Fr. Rafael Gallardo García –también él agustino-, incursionamos en esta hermosa zona de Ciudad Madero, entrando en contacto con el noble pueblo de esta Parroquia de San Francisco Javier, para recorrer junto con él, el largo camino de la vida cristiana. La familia agustiniana de la Provincia de Michoacán –Sacerdotes, Seminaristas y laicos-, representada inicial y dignamente por el P. Rafael Uribe y Uribe, da gracias a Dios por la oportunidad de trabajar en esta porción de su viña y por la fortaleza que nos ha dado para llevar a cabo esta misión eclesial, durante este tiempo de presencia agustiniana.
Queremos hoy reiterar nuestra adhesión incondicional al Señor Jesús en la instauración y extensión de su Reino: luchar por la transformación integral del hombre, combatir el odio, la injusticia, el individualismo, la insolidaridad, la discordia, la violencia en todas sus manifestaciones, la falta de fraternidad, el oscurecimiento o la pérdida del sentido de Dios en la vida, la falta de respuesta a su amor. Dicho en positivo, deseamos retomar el firme propósito de trabajar juntamente con ustedes cristianos, en la construcción del Reino de Dios; es decir: luchando por la paz, la justicia, el amor, la vida y la verdad aquí y ahora; promoviendo la experiencia de Dios, el sentirnos hijos de Dios y hermanos los unos de los otros; impulsando la reconciliación y la fraternidad entre todos ustedes.
Esta fue la causa por la que vivió Jesús, por la que vivió, luchó y fue muerto Jesús. Quienes promueven el amor, la fraternidad, el perdón... están por la causa de Jesús, sea cual sea su bandera social o política. Quienes promueven el odio, la discordia, la explotación, la injusticia, el egoísmo, la división, la venganza... están contra la causa de Jesús, contra el Reino de Dios, aunque aparenten ser buenos cristianos. Ser cristiano, ser discípulo de Cristo, es "vivir y luchar por la causa de Jesús"; llevar al Señor Jesús en la mente y en el corazón, de tal manera que sea Él quien nos empuje y anime a crear un mundo cada vez mejor.
Los agustinos queremos renovar conscientemente, en este día tan especial, nuestro compromiso con Cristo, de continuar su obra aquí en esta Iglesia local. Pero, queremos hacerlo, no solos, como si los sacerdotes fuéramos los únicos responsables de la vida y la marcha de la Iglesia; como si fuéramos los únicos que podemos pensar, programar y hacerlo todo. No. Queremos asumir este compromiso juntamente con ustedes. ¿Porqué? Porque Cristo pensó en una Iglesia hecha de hermanos, donde todos han de encontrar su lugar y su tarea de servicio a los demás. De ahí que todos estamos llamados a participar activamente en la Iglesia, porque todos somos responsables de Ella y de su misión, aunque no todos seamos responsables de la misma manera. Esto nos exige a todos un cambio y una conversión. Los laicos han de ir asumiendo su propia responsabilidad, colaborando con interés y generosidad, sin evadir, sin sacarle vueltas a las tareas y funciones que le corresponden. Por nuestra parte, nosotros los sacerdotes y religiosos –en este caso- hemos de aprender a trabajar no sólo para los fieles sino con los fieles. Hemos de aprender a ser sacerdotes en una Iglesia más corresponsable, valorando el papel de los laicos, promoviendo su participación activa y confiándoles una responsabilidad mayor. Los sacerdotes somos responsables de que todos sean responsables.
Por todo esto, hermanos, rogamos a nuestro Padre Dios que, con el fuego de su Espíritu, purifique nuestras mentes y corazones, a fin de que Cristo y su Reinado sean el centro, el núcleo de nuestra vida cristiana. Deseamos expresar nuestra convicción de que sólo Cristo es, en verdad, el Salvador: que sólo El tiene la fuerza de transformar los corazones de los hombres y su realidad social; que sólo Él puede aniquilar de raíz los egoísmos, injusticias, opresiones y degradaciones que terminan por dar muerte y desintegrar la realidad humana; que sólo El, a través de nosotros, Sacerdotes y Pueblo cristiano, juntos y animados por el Espíritu Santo, podemos con entusiasmo y entrega, construir su Reino, la civilización del amor.
Finalmente, rogamos la intercesión del Beato Elías del Socorro Nieves, Patrono de nuestra comunidad religiosa, para que viendo nuestra debilidad, ruegue al Eterno Padre nos conceda la fortalezca para responder con valor y con coraje al llamado de su Hijo, Jesucristo, como discípulos del gran Padre de la Iglesia, San Agustín. Amén.

P. Ramón del Río A. osa
Prior Provincial.

 

 

 

 

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