La vida para el Servicio.
(50 años de sacerdocio del P. Vicente Murillo)
Se me viene a la mente un pasaje del Evangelista San Marcos en el que recoge unas palabras con las que Jesús resume el sentido último de su vida. «El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar la vida en rescate por todos».
Normalmente, al escuchar estas palabras, los cristianos solemos pensar en el sacrificio último realizado por Jesús en lo alto de la cruz, olvidando que toda su vida fue entrega y servicio. En realidad, la muerte de Jesús no fue sino la culminación de un desgaste constante de su vida a lo largo de los años. Día tras día, fue entregando sus fuerzas, su juventud, sus energías, su tiempo, su esperanza, su amor. La entrega final fue el mejor sello a una vida de servicio total a los hombres.
Como seguidores de Jesús estamos llamados a entender nuestro vivir diario como un servicio y don a los demás. Lo más precioso que tenemos y lo más grande que podemos dar es nuestra propia vida. Poder dar lo que está vivo en nosotros. Nuestra alegría, nuestra fe, nuestra ternura, nuestra confianza, la esperanza que nos sostiene y nos anima desde dentro. Dar así la vida es siempre un gesto que enriquece, que ayuda a vivir, que crea vida en los demás, que rescata, libera y salva a las personas.
Tal vez éste sea el secreto más importante de la vida y el más ignorado. Vivimos intensamente la vida sólo cuando la regalamos; sólo cuando la damos sencillamente en una actitud de servicio y ayuda generosa y desinteresada. En cambio, los que se afanan por tener una vida de satisfacciones, halagos y éxitos, nunca podrán experimentar el gozo y la dicha de quienes, por gastar la vida entera al servicio de los demás, son capaces de vivir intensamente su libertad.
Hoy la Provincia se une al regocijo de la familia Murillo López y de esta porción del pueblo de Dios, al celebrar el 50 aniversario de la Ordenación Sacerdotal del P. Vicente. Damos gracias al Señor por haberlo consagrado y destinado a anunciar la Buena Nueva de la salvación, ofrendando su vida entera al servicio de la Iglesia, de la mano de San Agustín, nuestro Guía y Maestro. Sin duda que su capacidad de compartir su fe, su alegría, su ternura y su esperanza, le ha permitido despertar en muchas personas el amor a la vida y su confianza en nuestro Padre Dios. Que el Señor le conserve este magnífico don del servicio y de la entrega por muchos años más. Felicidades P. Chente.