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Clausura de la VII Copa San Agustín 07.
Autor: P. Fr. Ramón del Río A. OSA
Prior Provincial.


Queridos jóvenes, ellas y ellos:
Les envío una sincera felicitación a todos ustedes, por el espíritu de lucha y pundonor que  demostraron en las justas  deportivas de esta VII Copa de los Centros Educativos Agustinianos. Reconozco y alabo el amor y el orgullo por la camiseta, de lo que dejaron constancia en el combate de cada disciplina. La demostración de su capacidad para afrontar los obstáculos y para buscar la victoria, nos permiten descubrir  en ustedes los jóvenes, la presencia de un espíritu fuerte, decidido, disciplinado, moldeado por los retos y desafíos.   Nos complace constatar que, en una competencia deportiva, se ponga de manifiesto la preponderancia de nuestra pedagogía agustiniana, según la cual nuestros Colegios han de preocuparse no sólo por la trasmisión de los conocimientos humanísticos, matemáticos, científicos o tecnológicos, sino también por ofrecer una formación integral de excelencia, potenciando el desarrollo equilibrado de todos los dones y talentos, que como seres humanos poseen. Tenemos la plena convicción de que el cultivo de nuestros talentos busca no sólo la conquista de una posición social, sino también y sobre todo, la promoción  del crecimiento de sí mismo y de los demás; que el desarrollo de nuestras capacidades se promueve, no sólo para ser más competitivos y productivos, sino para dar testimonio de nuestra capacidad de donación y servicio, haciendo realidad el pensamiento de  Jesucristo: “el que se da, se gana”. Por eso, nuestra formación académica no puede quedar divorciada  del esfuerzo de adquirir conocimientos religiosos útiles para poder desempeñar nuestra misión en el mundo de modo responsable. De un modo particular, aparece ante nosotros el reto de profundizar en la doctrina social de la Iglesia, para que a partir de sus principios esté inspirada e iluminada nuestra acción en la sociedad de hoy.
Es motivo real de satisfacción ver que un alto porcentaje de nuestros estudiantes (36%) se han preparado para competir en esta VII Copa San Agustín con eventos culturales, artísticos y deportivos, reflejando con ello su talante mental, según la sentencia de “mente sana en cuerpo sano”. Al quedar de manifiesto todo este dinamismo y espíritu de lucha como algo que expresa la pedagogía agustiniana, me siento obligado a reconocer y  aplaudir la iniciativa y disponibilidad de los directores de nuestras Escuelas, sus maestros y padres de familia, que, todos juntos, se dispusieron a organizar y acompañar la buena marcha de estos eventos. Porque en este acontecimiento veo, de verdad, la inspiración de San Agustín que nos invita a mantener la inquietud en la búsqueda de una cada vez mayor perfección humana y cristiana. Dice: “Nuestra única posibilidad de perfección en este mundo está en proporción directa con nuestra caída en la cuenta de que es imposible ser perfecto en esta vida. ¿Cuál ha de ser, pues, nuestro ideal? –Preguntaba San Agustín; y él mismo se contestaba-: El intentar siempre lo mejor, pero sin cansarse jamás de intentarlo. Por muy alto que hayamos llegado, siempre habrá posibilidad de mejorar” (In ps. 38,14). De ahí que me atreva yo a afirmar que sólo con este espíritu inquieto, lograremos alcanzar los resultados que nos proponemos:  hacer de nuestros alumnos personas con una identidad propia, capaces no sólo de crecer desde dentro de sí mismos y de transformar su entorno social; sino también de lograr la unidad y la cohesión de toda esta familia agustiniana -integrada por el cuerpo docente, estudiantil y familiar-, a fin de que sea y aparezca como una verdadera y armoniosa fraternidad, que refleje el espíritu de Cristo bajo la orientación pedagógica de nuestro Padre San Agustín, dentro y fuera de nuestros centros escolares.
Hago votos para que el Espíritu Santo haga a todos ustedes ingeniosos en el servicio a los demás, perseverantes en los compromisos que asuman, y audaces en todas sus iniciativas; para que, como familia agustiniana, sean un instrumento del amor de Dios y contribuyan a la edificación de la “civilización del amor” en nuestro pueblo.

 

 

 

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