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MENSAJE INAUGURAL DE LA REUNION
DE PRIORES SUPERIORES

Hermanos:
Quiero darles a todos ustedes la más cordial bienvenida a esta reunión de Priores y Superiores de la Provincia y expresarles mi agradecimiento por el esfuerzo realizado para hacer posible su necesaria asistencia.
El Capítulo General Ordinario, recientemente celebrado en el pasado mes de septiembre (2-21), como órgano supremo de la Orden que norma y orienta la vida consagrada de sus miembros, tuvo como eje la Actualización de nuestras Constituciones especialmente en el área de la Espiritualidad (Cap. I-IX), la Renovación de la Vida Agustiniana, y finalmente, algunas propuestas de carácter funcional para nuestra Institución. Hoy quiero presentarles a ustedes algunos aspectos del mensaje de fondo que, en mi opinión, orienta la temática del Capítulo y que considero relevantes para nuestro propósito:
1.- La Renovación o cambio permanente es elemento necesario para vivir en el dinamismo que exige nuestra Espiritualidad Agustiniana.
Según este aspecto, un proyecto continuo de trasformación nos permite no sólo redescubrir y valorar nuestro Carisma, como un Don del Espíritu Santo dado en la Iglesia y para la Iglesia, sino que nos dispone a vivirlo como un signo profético, en actitud de testimonio y compromiso sincero con Dios y con el mundo de hoy. Sin esta vivencia no podremos justificar nuestra presencia en el seno de la Iglesia, ni podremos posicionarnos en Ella, Cuerpo Místico de Cristo.
Elemento primordial de toda Renovación es, sin duda, la experiencia de la presencia de un Dios vivo en la historia de la Orden y en el devenir de sus circunscripciones. Esta experiencia vivencial de Dios en la vida personal y comunitaria hace posible responder con vigor y frescura a los retos y desafíos religiosos y pastorales que nos plantea la cultura emergente del momento; porque el Señor es siempre fiel a sus promesas y no necesita que nosotros cambiemos primero nuestra realidad religiosa, personal y comunitaria, para que después él nos sane, sino que es él, Dios, quien viviendo en lo más hondo de nuestro ser humano, nos hace sentir su presencia gratuitamente para ayudarnos a cambiar y mejorar la calidad de nuestra vida humana. Sabemos que el único requisito es y será siempre la humildad de reconocernos como somos, sin maquillajes de ninguna naturaleza, conscientes de que somos hombres de un tiempo, de un país, de un pueblo, de una familia, y que por eso, vamos arrastrando errores, defectos y miserias humanas de todo tipo, al interior de nuestra familia religiosa. De ahí que, sólo desde esta realidad propia, asumida conscientemente, podemos experimentar su presencia viva en y entre nosotros, para darle sentido y orientación real a nuestra vida cristiana, y consolidar nuestra identidad religiosa, a la que el Señor nos llama en la Iglesia, para el servicio del Reino.
Todo proyecto de Renovación exige, además, vivir permanentemente centrados en Cristo. Vivir en comunión con Cristo nos evitará vivir en la superficialidad de la vida, que nos arrastra a vivir con criterios meramente humanos y nos  arroja en los brazos de la banalidad existencial. Vivir en comunión o no con Cristo será para nosotros una cuestión de vida o muerte, de fundamentar nuestra vida religiosa o de abandonarla por superficial. Ninguno de nosotros ignora que el camino de la Interioridad agustiniana es el instrumento que dinamiza y fortalece la calidad de nuestra vida consagrada porque nos lleva a experimentar el encuentro íntimo, personal y profundo con Cristo Resucitado, el Maestro Interior. Sin esa centralidad de Cristo, nuestra vida será simplemente una triste parodia. Lo ideal es y será siempre el dejarse seducir por el Señor Jesús; el dejarse arrebatar por El hasta alcanzar la muerte de sí mismo, para que sólo el Señor viva en nosotros.
2.- Un segundo aspecto del mensaje de fondo que sustenta el trabajo del CGO, fue el servicio a la Iglesia, como parte esencial de nuestra Espiritualidad. Es este servicio a la Iglesia, el que nos mueve a estar atentos a los signos de los tiempos y  a tomar las determinaciones que nos permitan responder  a las exigencias pastorales de la Evangelización de nuestras culturas, siempre cambiantes y desafiantes.
Creo que para prestar un servicio cualificado, genuinamente agustiniano, a la Iglesia, es indispensable fortalecer la intimidad  con Dios, tan ardientemente deseada por nuestro Padre Agustín; pero no como un simple adoctrinamiento humano, sino como una experiencia amorosa del Señor, que nos pone en condiciones de saber mirar con los ojos de Cristo a su Cuerpo Total, que es la Iglesia:  de saber amarlo con el corazón de Cristo; de llegar hasta el paroxismo  de  desgastar la propia existencia, entregándose y donándose por amor al Cristo viviente en su Pueblo. Por eso, cuando N.P.S. Agustín afirmaba que: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, no podía expresar de manera más atinada, la urgencia de vivir en una búsqueda permanente de Dios, luchando por convertirse y configurarse con Cristo, para asumir el compromiso incondicional por el Reino de Dios. En este contexto, no podemos olvidar que es la confianza en la moción del Espíritu lo que nos hace instrumentos dóciles en las manos del Señor Jesús, permitiéndonos ser fieles a nuestro Carisma y creativos para aportar nuestra Espiritualidad de comunión a la obra salvadora de Jesucristo en la historia humana.
3.- Un tercer aspecto del mensaje de fondo, es la Comunión de vida. El Instrumentum laboris #3.2 del CGO dice textualmente: “(la Comunión de vida) debe encarnarse en las relaciones humanas dentro de la comunidad y con los laicos, en las estructuras comunitarias, en la solidaridad con los pobres y excluidos, en el apostolado comunitario. Exige cuidar y priorizar la vida comunitaria, renovar el sentido de pertenencia a la comunidad (presencia física y comunión efectiva) y las estructuras que hacen posible la comunión de vida (capítulos, actos comunes, diálogo, comunión de bienes)”. De esta manera nuestra espiritualidad de comunión, no implica únicamente la comunión de bienes –tanto materiales como espirituales- que ciertamente desempeña un papel tan importante en la vida común, que se convierte en criterio de validez de nuestra fraternidad (CGI 98); sino que trasciende esa dimensión interior de la comunidad, para desbordarse en una comunión de alcance eclesial. De ahí que tengamos que preguntarnos, ¿hasta dónde ha de llegar nuestra comunión de vida en la Iglesia con los laicos y grupos laicales, en general? ¿Cuál es la relación jurídica que debe existir entre nuestra vida consagrada y nuestras fraternidades laicales, en concreto? Son problemas para los que hemos de encontrar una solución; ya que nuestra espiritualidad de comunión exige una vinculación casi tan estrecha como con los hermanos consagrados.
3.-  Un cuarto aspecto del mensaje de fondo, es la sana inquietud de adecuar las estructuras de la Orden, en función de una mejor operatividad y de un mayor aprovechamiento de todos los recursos espirituales, humanos, y económicos de que dispone la Orden y sus Circunscripciones. No podemos quedar como una Orden a-histórica, desfasada del contexto evolutivo de los acontecimientos humanos y sin visión del futuro. Los variados y apremiantes signos de los tiempos nos están forzando a lanzarnos a sopesar las tendencias de futuro y forjarnos un perfil bien definido, que nos obligue a optimizar las potencialidades de nuestro Carisma y a  involucrarnos con decisión e imaginación en la superación de los retos y desafíos que nos está planteando ya el mundo contemporáneo. Urge que nuestra presencia agustiniana alcance una presencia significativa en el concierto de la Iglesia y desempeñe una actividad pastoral acorde a la fuerza transformadora del Evangelio y de nuestra Espiritualidad.
Ojala que en esta asamblea de Priores y Superiores, interesados en la intimidad con Dios, movidos por su Espíritu y cada vez más revestidos de Cristo, encontremos la motivación suficiente como para abrazar con mayor entusiasmo y compromiso el llamado que el Señor nos ha hecho, en esta Espiritualidad de comunión, de la mano de nuestro Padre San Agustín.
Los invito pues a trabajar en el estudio y análisis de estos documentos del CGO en actitud de enriquecimiento espiritual y de búsqueda de aplicaciones concretas tanto en nuestra vida personal y comunitaria, como en la vida de la porción del Pueblo de Dios que se nos ha confiado. Volvamos hoy nuestra mirada hacia Nuestra Madre del Buen Consejo para que, viendo nuestra pequeñez, interceda por nosotros y nos de ánimo para lograr el objetivo de caminar unidos para que nuestros pueblos tengan vida en Cristo. Así sea.

 

 

 

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