Reflexión sobre la Navidad.
01/10/2007
Nuestra Señora del Socorro 07.
“El que era Dios, se hizo hombre. Tomando lo que no era, pero sin perder lo que era…Deja pues, que El te ayude a levantarte por lo que tiene de hombre, que El te guíe por lo que tiene de Dios-hombre y que El te lleve a lo que tiene de Dios” (San Agustín, In Joan. 23,6).
Realmente desde la profundidad teológica de estas palabras de nuestro Padre San Agustín se nos invita a reflexionar con mayor intensidad sobre el Misterio de Dios mantenido oculto desde toda la eternidad y ahora revelado en la Encarnación de su Hijo para nuestra justificación. ¡Qué valiosos somos los humanos para merecer el regalo de Navidad que nuestro Padre Dios nos ha hecho, por su inmensa misericordia! Porque es un auténtico regalo.
Que el Verbo encarnado “nos ayude a levantarnos por lo que tiene de hombre”, dice nuestro Padre Agustín. Se trata de recuperar la auténtica imagen del hombre, proyectada por Dios desde su creación; y de revalorar nuestra dignidad humana. Nuestra gran equivocación es pensar que somos autosuficientes como simples seres humanos y que no necesitamos de Dios. Creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, de salud, de suerte, de seguridad. Con afán, luchamos por tenerlo todo; y nos olvidamos de descubrir a Dios en lo más íntimo de nuestra intimidad. De esta manera, frenamos nuestro proyecto del crecimiento humano querido por Dios.
Sé bien que la Navidad nos hace sentir fácilmente dentro del alma la nostalgia de un mundo más humano y feliz que los hombres solos, no somos capaces de construir. En el fondo, estamos conscientes de que nuestra mezquindad e insolidaridad nos arrastran irresistiblemente por los caminos de la fatalidad.
Sin embargo, la celebración de este misterio nos recuerda que, a pesar de nuestra superficialidad y, sobre todo, de nuestro egoísmo, siempre hay en nosotros un rincón secreto en el que todavía se puede escuchar una llamada a ser mejores y más felices porque contamos con la cercanía y comprensión de Dios. Si los hombres huimos de Dios, en el fondo es para huir de nosotros mismos y de nuestra superficialidad. No es de la bondad de Dios de la que queremos escapar, sino de nuestro vacío y nuestra mediocridad.
Que el Verbo encarnado nos “guíe por lo que tiene de Dios-hombre”, continúa diciendo nuestro Padre. Al compartir nuestra existencia por la Encarnación, ya no estamos perdidos en nuestra soledad existencial, ya no estamos extraviados en la nada de nuestro ser inconsistente. Ahora todo cambia. «Ya no estamos solitarios, sino solidarios». Dios mismo ha entrado en nuestra vida. Es posible vivir con esperanza. Merece la pena ser hombre. Dios mismo comparte nuestra vida y con él podemos caminar hacia la plenitud. Somos ahora capaces de eternidad, en comunión con Cristo. Por eso, Navidad es siempre para los creyentes una llamada a renacer. Una invitación a reavivar la alegría, la esperanza, la solidaridad, la fraternidad y la confianza total en el Padre.
Que el Verbo encarnado nos “lleve a lo que tiene de Dios”, termina diciendo nuestro Padre Agustín. Es un regalo de Dios poder celebrar la Navidad como la oportunidad de creer, agradecer y disfrutar de la cercanía y comunión con Dios. Una cercanía y una comunión que sólo las puede vivir intensamente quien se atreve a creer que Dios puede volver a nacer entre nosotros, en nuestra vida diaria. El hijo de Dios hecho hombre es el punto de la creación donde la verdad, la bondad y la presencia cariñosa de Dios hacia sus criaturas aparece de manera más tierna, bella y redentora. En Jesucristo Dios se aproxima al hombre y. movido por el amor, lo llama a entrar en comunión con El. En Jesucristo, Dios se nos ha revelado como "Dios-con-Nosotros". En El estamos llamados a vivir la plena comunión con el Misterio de Dios.
Sé muy bien cómo nos cuesta hoy a muchos de nosotros, encontrarnos con Dios y disfrutar su intimidad. A veces, quisiéramos experimentar una fe profunda en El y desbordarla hacia los demás, pero no sabemos cómo. Desearíamos poder vivir un encuentro personal y profundo con El en la oración personal y comunitaria, pero ya no nos sale nada de nuestro interior. Sin embargo, Navidad puede ser precisamente la fiesta de los que nos sentimos lejos de Dios.
Ante esta acción salvadora de nuestro Padre Dios que envía a su propio Hijo para compartir nuestra condición humana, no podemos sino darle gracias por este regalo y cantar las maravillas de su infinito amor, diciendo llenos de alegría y de esperanza: Felices los que tienen un corazón sencillo, limpio y pobre porque Dios es para ellos. Felices los que sienten necesidad de Dios porque Dios puede nacer todavía en sus vidas. Felices los que, en medio del bullicio y aturdimiento de estas fiestas, sepan acoger con corazón creyente y agradecido el regalo de un Dios Niño. Para ellos habrá sido Navidad.
¡Que nosotros, religiosos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, tengamos también Navidad!