Oraciones













Oración a San Agustín
Glorioso Padre san Agustín,
que abriste un camino de entrega a Dios
al descubrir la hermosura de la vida religiosa;
concédeme, que me siento llamado por Señor,
ver claramente mi camino.
Ayúdame a ser Oraciones por las vocaciones
fiel a esa vocación divina
que la estime en todo su valor,
que sea capaz de enfrentar a las personas y cosas
que me la quieran arrebatar;
que sea desde hoy muy generoso
para decir ‘sí’ cada día. Amén.

Oración al Espíritu Santo por las vocaciones
Espíritu de Amor eterno,
que procedes del Padre y del Hijo,
te damos gracias por todas las vocaciones
de apóstoles y santos que han fecundado la Iglesia.
Continúa, ésta, tu obra.
Acuérdate de cuando, en Pentecostés,
descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración
con María, la madre de Jesús,
y mira a tu Iglesia que tiene hoy
una particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia;
tiene necesidad de consagrados y consagradas,
que manifiestan el gozo de quien vive sólo para el Padre,
de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo,
de quien construye con la caridad el mundo nuevo.
Espíritu Santo, eterno manantial de gozo y de paz,
eres Tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada;
eres Tú quien hace eficaz cada impulso
al bien, a la verdad, a la caridad.
Tus ‘gemidos de amor’
suben al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre los corazones y las mentes de los jóvenes,
para que un nuevo fruto de santas vocaciones
manifieste la constancia de tu amor
y todos puedan conocer a Cristo,
luz verdadera del mundo,
para ofrecer a cada ser humano
la segura esperanza de la vida eterna. Amén.

Me has llamado
Otra vez —te conozco— me has llamado.
Y no es la hora, no; pero me avisas.
De nuevo traen tus celestiales brisas
claros mensajes al acantilado
del corazón, que, sordo a tu cuidado,
fortalezas de tierra eleva, en prisas
de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.
Y tú llamas y llamas, y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, qué quieres,
qué alto vienes a dar a mi jornada.
Perdóname, si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparado a tu llegada.
Amén.

Padre Nuestro Vocacional
Tú, que conoces la fragilidad humana,
auméntanos la fe, la fidelidad al evangelio,
la vocación de seguir a tu Hijo con generosidad y limpieza de corazón.
Envíanos tu Espíritu de amor
para que suscite jóvenes
dispuestos a consagrar su vida,
libres para seguir a Jesús,
el sumo y eterno sacerdote,
que se ofreció voluntario
en el altar de la Cruz,
que comió con pecadores,
que nos rescato con su Sangre,
que intercede por todos ante Ti
como el Primogénito entre los hermanos.
Conforme a esta imagen, danos sacerdotes.
Amén.

Me llama tu voz
(C.V.S.)
Desde todos los rincones,
me está llamando tu voz.
Siento tu mirada
en muchos ojos que me miran.
Oigo tu palabra
en muchas voces que me gritan.
Y en aquellos que me necesitan,
veo tu mano extendida.
Eres Tú quien me pregunta
cuando veo ese niño hambriento,
o esa madre extenuada,
con su hijo a la espalda.
Sé de muchos hombres
que no oyen tu evangelio,
y de otros que malviven
en lugares malolientes
y de muchos más que roban
para poder seguir viviendo.
Y todos ellos me gritan en silencio,
que no viva tan tranquilo.
¿Qué puedo hacer yo?
Esos niños que juegan en el barro
porque no hay sitio para ellos en la escuela,
y ese hombre sin ganas de vivir
porque no encuentra sentido a su vida,
y tantos que sufren en las cárceles,
y los que, libres, no tienen libertad,
porque otros les niegan la palabra...
Pero también en todos ellos
y desde todos los rincones de la tierra,
me esta llamando tu voz.
Amén.

Me has llamado, Señor
¿Me has llamado, Señor?
Cada noche me pregunto
si algún día oiré tu voz...
¿Cómo sabré que eres Tú?
No sé si te presentarás como un amigo
o si me llevarás contigo a otro lugar.
Muchas veces intento poner atención
y tratar de escucharte pero
el silencio lo llena todo y
sólo oigo esa voz interna
que me acompaña cada día.
Sé que estoy en el mundo por algo
y debo descubrir ese motivo.
No es fácil
pero tengo toda una vida por delante.
Trato de adivinar
qué es lo que quieres de mí,
de mi persona.
¿Qué puedo darte yo si
tan sólo soy un adolescente que
lucha por pequeños ideales?
¿Acaso eres Tú esa voz misteriosa?
Se me hace difícil pensar en todo esto
pero no puedo evitar estar un poco asustado(a)
respecto a la vida y la muerte.
Es como.., como si estuviera
Solo(a) y perdido(a) en el océano,
sin una salida visible, sin un barco amigo.
Sólo la esperanza permite que siga en pie,
sólo la fe en otra vida me mantiene despierto(a).
No puedo dejarme llevar por el pensamiento
de una existencia limitada, mortal:
un paseo y... todo se acabó, terminó,
como si de un sueño se tratara.
¡No es posible!
Me volvería loco(a) creyendo esto
Estaré despierto(a) para lo que quieras,
pero siempre tendré la duda de si me llamaste y no oí tu voz.
Amén.

Oración por los sacerdotes
¡Oh, Jesús!, Sacerdote eterno,
guarda tus sacerdotes bajo la protección
de tu Sagrado Corazón,
donde nada pueda mancillarlos.
Guarda inmaculadas sus manos ungidas
que tocan cada día tu sagrado Cuerpo.
Guarda inmaculados sus labios,
diariamente teñidos con tu preciosa Sangre.
Guarda puros y despojados
de todo afecto terrenal sus corazones,
que Tú has sellado con la sublime
marca del sacerdocio.
Que tu santo amor los rodee y los preserve
del contagio del mundo.
Bendice sus tareas apostólicas
con abundante fruto,
y haz que las almas confiadas
a su celo y dirección,
sean su alegría acá en la tierra
y formen en el cielo
su hermosa e inaccesible corona. Amén.

Oración al Espíritu Santo por las vocaciones
Espíritu de Amor eterno,
que procedes del Padre y del Hijo,
te damos gracias por todas las vocaciones
de apóstoles y santos que han fecundado la Iglesia.
Continúa, ésta, tu obra.
Acuérdate de cuando, en Pentecostés,
descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración
con María, la madre de Jesús,
y mira a tu Iglesia que tiene hoy
una particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia;
tiene necesidad de consagrados y consagradas,
que manifiestan el gozo de quien vive sólo para el Padre,
de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo,
de quien construye con la caridad el mundo nuevo.
Espíritu Santo, eterno manantial de gozo y de paz,
eres Tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada;
eres Tú quien hace eficaz cada impulso
al bien, a la verdad, a la caridad.
Tus ‘gemidos de amor’
suben al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre los corazones y las mentes de los jóvenes,
para que un nuevo fruto de santas vocaciones
manifieste la constancia de tu amor
y todos puedan conocer a Cristo,
luz verdadera del mundo,
para ofrecer a cada ser humano
la segura esperanza de la vida eterna. Amén.


Me has llamado

Otra vez —te conozco— me has llamado.
Y no es la hora, no; pero me avisas.
De nuevo traen tus celestiales brisas
claros mensajes al acantilado
del corazón, que, sordo a tu cuidado,
fortalezas de tierra eleva, en prisas

de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.

Y tú llamas y llamas, y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, qué quieres,
qué alto vienes a dar a mi jornada.

Perdóname, si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparado a tu llegada.
Amén.

Padre Bueno
Padre bueno,
en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor,
nos abrazas como a tus hijos
y nos ofreces la posibilidad de descubrir
en tu voluntad los rasgos
de nuestro verdadero rostro.
Padre santo,
Tú nos llamas a ser santos
como Tú eres santo.
Te pedimos que nunca falten
en tu Iglesia ministros y apóstoles santos
que con la palabra y los sacramentos,
preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso
da a la humanidad extraviada
hombres y mujeres que,
con el testimonio de una vida transfigurada
a imagen de tu Hijo, caminen alegremente
con todos los demás hermanos y hermanas
hacia la patria celestial.
Padre nuestro,
con la voz de tu Espíritu Santo,
y confiando en la materna intercesión de María,
te pedimos ardientemente:
manda a tu Iglesia sacerdotes,
que sean testimonios valientes
de tu infinita bondad
¡Amén!

Oración por las Vocaciones
(Pablo VI)
Jesús, Divino Pastor de las almas, que llamaste a los Apóstoles para
hacerlos pescadores de hombres, atrae hacia Ti las almas ardientes y
generosas de los jóvenes, para hacerlos tus seguidores y tus ministros; hazlos
partícipes de tu sed de Redención universal, en favor de la cual renuevas tu
Sacrificio sobre los altares.
Tú, Señor, «siempre dispuesto a interceder por nosotros», descúbreles
los horizontes del mundo entero, donde la muda plegaria de tantos hermanos
pide la luz de la verdad y el calor del amor, para que respondiendo a tu
llamada, prolonguen aquí abajo tu misión, edifiquen tu Cuerpo Místico, que es
la Iglesia y sean «sal de la tierra», «luz del mundo».
Extiende, Señor, tu amorosa llamada también a muchas almas de
mujeres puras y generosas, e infúndeles el anhelo de la perfección evangélica
y la entrega al servicio de la Iglesia y de los hermanos necesitados de
asistencia y caridad. Amén.

Oración por las Vocaciones
(Juan Pablo II)
Señor Jesús, que has llamado a quien has querido, llama a muchos de
nosotros a trabajar por Ti, a trabajar contigo. Tú que has iluminado con tu
Palabra a los que has llamado, ilumínanos con el don de la fe en Ti. Tú que los
has sostenido en las dificultades, ayúdanos a vencer nuestras dificultades de
jóvenes de hoy, y si llamas a alguno de nosotros, para consagrarlo todo a Ti,
que tu amor aliente esta vocación desde el comienzo y la haga crecer y
perseverar hasta el fin. Amén.

Señor Jesús
(En la fiesta de S. José. Día del Seminario)
Tú que eres el camino, la verdad y la vida,
aduéñate de mis pasos,
seduce mi libertad
y ven a mi encuentro
para que siempre pueda elegirte
compañero.
Sal al paso de quienes van por los caminos
de este mundo
sin saber que Tú caminas a su lado
y haz que, al descubrirte junto a ellos,
se dejen alcanzar por Ti
y te acojan como al Señor
que se ha hecho hermano.
Mira a los jóvenes de nuestra comunidad,
llama y escoge a los que quieras,
disipa sus dudas y sus miedos,
para que se atrevan a seguirte
en el ministerio sacerdotal
y te acepten como amigo.
Fortalece a tus sacerdotes
para que, en tu cercanía,
anuncien a todos los hombres,
sus compañeros, hermanos y amigos
quién eres .
Quédate con nosotros, a través de ellos,
en la anochecida de este tiempo;
repártenos tu Palabra y tu Evangelio
y pon en ascuas nuestro corazón.
Con tu pan y con tu vino
andaremos el camino cada amanecer
para gritar que es verdad,
que estás en medio de nosotros, Resucitado.
Amén.

Por nuestra propia vocación
¡Señor Creador y Redentor! Tú, que estás presente e invisible en el
instante de nuestro primer palpitar, y cuando el agua santa limpia lo más íntimo
de nuestra naturaleza pecadora, y en todos los momentos de nuestro agitado
vivir hoy, sal a mi encuentro y al encuentro de cada persona, y señala, con la
luz de tu presencia, cuál es nuestro servicio dentro de la Iglesia y de la
comunidad, para que, empujados por tu gracia, cumplamos todos y cada uno
con nuestra vocación. Señor, Creador y Redentor, escucha nuestra plegaria.
Amén.

La vocación: una gran amistad.
La vocación es como un itinerario
con señales de pista,
cada señal lleva a la señal siguiente,
sin saber el término definitivo,
más que un conocimiento del futuro,
más que buscar condiciones,
es una gran amistad. Amén.

Oración por las vocaciones sacerdotales
Jesucristo, Salvador del mundo,
que a orillas del mar de Galilea
llamaste a los Apóstoles
para constituirlos fundamento de la Iglesia
y portadores de tu Evangelio,
te pedimos que hoy sigas fijando tu mirada
en niños y jóvenes de nuestras familias,
parroquias y comunidades,
invitándolos a seguirte en la vida sacerdotal.
Dales luz que disipe sus dudas,
y decisión para que te sigan
y se embarquen contigo en el Seminario.
Infúndeles confianza y sabiduría
para llevar tu Palabra
y el testimonio de tu Amor
a los hombres y mujeres de nuestro tiempo
y del siglo futuro.
Tú que eres nuestro Salvador, ayer, hoy
y por los siglos de los siglos. Amén.


Divino Jesús
Tú que quieres que pidamos al Padre que nos mande buenos operarios, envía a nuestra patria, y en especial a nuestra familia agustiniana chilena, muchos y santos religiosos y sacerdotes que actúen de acuerdo a tu voluntad y procuren celosamente por medio de su ministerio que venga tu Reino a la tierra para nuestra salvación y la del mundo entero. Amén.

Madre del Buen Consejo, danos religiosos y sacerdotes santos. Amén

Divino Jesús
Oh Jesús, que inspiraste a san Agustín
un camino más perfecto
para vivir mejor tu Evangelio,
envía a la Orden Agustiniana
gran número de sacerdotes y religiosos
que hagan vivir con su ejemplo
el más puro ideal agustiniano.
Tú que conoces el corazón de los hombres,
muestra cuáles son tus elegidos
a quienes quieres confiar
un tan alto ministerio de verdad y de amor.
Esclarece su inteligencia
para que conozcan la inestimable gracia
de tu divina vocación;
fortalece su voluntad
para que no sean vencidos
por las dificultades del mundo y de la carne.
Descubre a los padres
cuán hermoso es entregarte sus hijos.
Inspira a las almas generosas
el deseo de ayudar con sus bienes
a todos aquellos, que encuentran en su pobreza,
un obstáculo para seguir tu llamada.
Concede a los educadores
el cultivar acertadamente en sus corazones juveniles
la delicada planta de la vocación
hasta el día de su plena madurez.
Y entonces, oh Jesús,
que sean verdaderos ángeles de tu pueblo,
ángeles de luz y fortaleza
ángeles de amor, de gracia y de paz. Amén.

Danos Agustinos Santos
(para rezar en comunidad)
 
Para sostener tu Iglesia…
Para que haya más y mejores educadores de la juventud…
Para que haya más y mejores misioneros en todo el mundo…
Para que haya almas que colmen de alegría tu Corazón…
Para dirigir nuestras almas…
Para enseñarnos a amar al Espíritu Santo…
Para acelerar el reino de tu Sagrado Corazón…
Para que nos enseñen la verdadera devoción a nuestra Madre María…
Oración. Dirige, Señor, tu mirada hacia nuestra Orden Religiosa, bendícela con tu mano poderosa, y concédenos lo que te pedimos para que nuestro gozo sea pleno y con él te alabemos eternamente. Amén.
Señor, para aumentar nuestra fe
Todos: Danos agustinos santos
Para alentar nuestra esperanza
Todos: Danos...
Para hacer más fecunda nuestra caridad…
Para ayudarnos a la práctica de todas las virtudes…
Para que en todo tiempo se celebre la Santa Misa…
Para que no nos falte tu gracia…
Para alcanzar el perdón de nuestros pecados…
Para que tengamos quienes oren por nosotros…
Para que todos conozcan tu santa doctrina…