La vivencia de la prudencia en Familia


Hablamos de la enseñanza de la prudencia, ahora veamos la vivencia de “La recta razón en el obrar"

Es parte de la vida el hecho de que algunas cosas nos salgan bien y en otras no salgan como queramos. Como padres tenemos la gran oportunidad de ir guiando a nuestros hijos diciéndoles que cuando las cosas no salen como queremos, no es un fracaso necesariamente, sino que tenemos que aprender de nuestros errores para poder seguir avanzando, así, la siguiente vez que se nos presente una situación similar, ya sabremos como  reaccionar acertadamente, este es pues el valor de la experiencia.
A veces tenemos que decidir entre una opción y otra  y no tenemos ni la menor idea de cual elegir. Es una decisión difícil y por más que lo pensamos no sabemos que hacer. Ahí en ese momento, es cuando debemos acercarnos al hijo, al hermano, o al padre y madre a  ponderar en una balanza  situaciones en contra y  situaciones a favor. Cuales pesan más y sobre todo, el saber los resultados al mediano y al largo plazo.  Este proceso es el discernimiento.

Los hijos están en la adolescencia  y  empiezan a tomar distancia de los padres, además quieren crear un clima de independencia  donde ya no necesitan de nada ni de nadie pues se quiere asegurar como personas capaces de responder a los problemas, pero su inexperiencia frecuentemente les lleva a querer hacer cosas alocadas. Ahí llega el consejo de papá y de mamá  y la virtud que se pide en el joven  es doble: la recomendación de papá o mamá, pero antes que eso, ser dócil a la sugerencia o recomendación. No negarse de antemano. Esto es la docilidad.

Existen momentos en las familias en las que los integrantes están solos en circunstancias peculiares. Deben de resolver un problema por ellos mismos y no tienen tiempo de ponderar, ni de discernir, ni de consultar. En el mismo instante deben de reaccionar. La sagacidad será la virtud  que los ayude a tomar la mejor decisión y salir adelante del problema. La providencia  es la labor mas que nada de los padres. Significa el prevenir lo que venga en el futuro, los gastos, las posibles situaciones que enfrentarán, los gastos escolares, los seguros, el auto, etc. Todos los gastos que vienen con la creación de una familia, son parte de la previsión. Cuando los padres se avientan responsabilidades que no son capaces de enfrentar, hablamos de una imprudencia terrible.
 
El buen consejo y la sensatez  son parte importante en la vivencia de la prudencia.  Cuando los hijos llegan desorientados, cuando papá o mamá necesitan ser escuchados, muchas veces  tenemos muchas palabras que decir o simplemente nos alarmamos y decimos lo que pensamos, pero lo que necesitamos en ese momento es ante todo ser escuchados, comprendidos y lo más importantes: Dar elementos para poder solucionar el problema. El  Alarmarnos, el regañar al que pide consejo, el decirle exactamente lo que tiene que hacer, el mandarlo o humillarlo no son modos que ayuden de forma objetiva a la solución de ningún problema. Es por ello que escuchar, sugerir hábilmente y dar pequeñas sugerencias es todo un arte. Cuando estos problemas se manejan así, la persona agradece mucho un buen consejo y el sentido común de quien lo brinda. Cuando no es así, lo único que hacemos es complicar más las cosas.
La vivencia de la prudencia en la familia es todo un arte del día a día. Miles de circunstancias distintas se le presentarán a cada integrante de ésta, para poder practicar y cada día tener más fortaleza en  el ejercicio de esta virtud, pero lo más importante será que se haga un intento constante. No existen recetas, sino en este caso, la sagacidad de poder mantenerse  firme practicando día a día, pues la prudencia, es la madre de todas las virtudes.

RP