San
Leandro de Sevilla

Leandro: viene del griego; significa,
hombre de calma, hombre sereno; hombre con fuerza de león.
(Le = león, Andro = fuerza).
Es de un antigua e influyente familia
romana de Cartagena, que más tarde se trasladó
a Sevilla. Su madre era hija de Teodorico, rey de los Ostrogodos,
que invadieron Italia. Su padre, Javeriano, muere siendo
joven, por lo que tiene que ayudar a sus hermanos menores:
Isidoro, Fulgencio y Florentina. Los cuatro, después,
se decidieron por el estado religioso. Estamos en tiempos
de los Visigodos, que han entrado en Sevilla en el 415,
procedentes de la Galia. Muere su rey Leovigildo en el 586,
que quería la unidad religiosa en el arrianismo,
pues está dividido entre españoles católicos
y visigodos arrianos.
El monje Leandro querrá, en cambio,
convertir a los arrianos, con sus escritos y con la predicación,
y obtiene un éxito resonante cuando se hace católico,
Hermenegildo, el hijo del rey. Pero esta conversión
trae una revuelta sangrienta familiar: Hermenegildo encabeza
una rebelión contra su padre, que lo apresa y hace
matar, y expulsa de España a sus colaboradores, por
lo cual, Leandro, pasará un tiempo en Constantinopla.
Allí estrechará lazos y amistad con el futuro
Papa Gregorio Magno, entonces legado pontificio en Oriente.
El exilio no dura mucho. Atento a la paz
interna, el rey Leovigildo reclama a la patria a todos los
expulsados. Leandro comprende que le debe tener gran estima
al nombrarle Obispo de Sevilla y, demás, le pone
como consejero cercano de su hijo Recaredo. Con éste,
comienza en España una nueva fase.
En el 589, Leandro convoca el III Concilio
de Toledo, que confirma oficialmente la conversión
de Recaredo al catolicismo; es el acontecimiento que acelera
de forma decisiva el proceso de unidad espiritual en España,
favorecido también por la liturgia morárabe
o visigótica, de la cual Leandro, y después
su hermano Isidoro, es promotor y maestro, componiendo oraciones
y cánticos para la Misa. Mantendrá hasta su
muerte una importante correspondencia con el Papa Gregorio
Magno, de la que hablan los contemporáneos, pero
que se ha perdido casi totalmente.
¿Qué secreto poseía
aquella familia de Cartagena que supo poner en los altares
a sus tres hijos? Porque no hay duda de la influencia de
los padres en la vida de sus hijos tanto para bien como
para mal. Eso no quiere decir que los hijos que han nacido
en buena y cristiana familia tengan una póliza de
seguro que les garantice la fidelidad a los principios que
mamaron ni tampoco que quienes conocieron a unos padres
mediocres estén condenados irreparablemente a la
desgracia moral. No. Pero, hechas las salvedades y sabiendo
que el uso de la libertad es privado y personal, no cabe
duda -es testigo la historia- de la impronta que deja en
los retoños el estilo de quienes los engendraron
y educaron. En este caso, Leandro tuvo otros tres hermanos
que están como él en los altares, S. Fulgencio,
obispo de Écija; S. Isidoro que le sucedió
en el arzobispado de Sevilla, y santa Florentina.
Su nacimiento fue en torno al 535. La
familia emigra a Sevilla y, cuando tiene la edad, Leandro
entra un monasterio. Es nombrado metropolitano de Sevilla.
Funda una escuela de artes y ciencia, que concibe como instrumento
para difundir la doctrina ortodoxa en medio de una España
que está inficcionada de arrianismo, particularmente
en la corte visigoda. Dos hijos del rey arriano Leovigildo
están formándose en su escuela, Hermenegildo
y Recaredo.
Desde niño se distinguió
Leandro por su facilidad para hablar en público y
por la enorme simpatía de su personalidad. Siendo
muy joven entró de monje a un convento de Sevilla
y se dedicó a la oración, al estudio ya la
meditación.
Cuando murió el obispo de Sevilla,
el pueblo y los sacerdotes lo eligieron a él para
que lo reemplazara. Desde entonces Leandro se dedicó
por completo a convertir a los arrianos, esos herejes que
negaban que Jesucristo es Dios. El rey de los visigodos,
Leovigildo, era arriano, pero San Leandro obtuvo que el
hijo del rey, San Hermenegildo, se hiciera católico.
Esto disgustó enormemente al arriano Leovigildo,
el cual mandó matar a Hermenegildo. El joven heredero
del trono prefirió la muerte antes que renunciar
a su verdadera religión y murió mártir.
La Iglesia lo ha declarado santo. La conversión de
Hermenegildo fue un fruto de las oraciones y de las enseñanzas
de San Leandro.
Leovigildo asienta en Toledo la capital
del reino visigodo. Su hijo Hermenegildo será su
igual en la Bética y residirá en Sevilla.
Por su ciencia, bondad y celo Hermenegildo se convierte
a la fe nicena con el ejemplo y apoyo de su esposa Igunda.
Pero en Toledo hay reales aires de grandeza; el rey piensa
que el principio de unidad y estabilidad está en
la religión arriana; se enciende la persecución
contra la fe católica con fuego y espada, incluidos
los territorios de la Bética, en la que su propio
hijo Hermenegildo morirá mártir.
Leandro ha sido obligado a abandonar su
Iglesia y su patria. Aprovecha el destierro para pedir ayuda
al emperador de Bizancio. En Constantinopla se encuentra
con Gregorio, que ha sido enviado por el papa Pelagio -lo
sucederá luego en la Sede romana- con quien traba
una gran amistad; le anima a poner por escrito los libros
Morales -comentario al libro de Job- que influirán
de un modo decisivo en la ascética de todo el Medievo.
Leandro fue enviado con una embajada o
delegación a Constantinopla y allá trabó
amistad con San Gregorio Magno, que era embajador del Sumo
Pontífice. Desde entonces estos dos grandes santos
y sabios tuvieron una gran amistad que fue de mucho provecho
para el uno y el otro. Se escribían, se consultaban
y se aconsejaban frecuentemente. Y se cumplió lo
que dice la Sagrada Escritura: "Encontrar un buen amigo,
es mejor que encontrar un tesoro".
El rey desterró al obispo Leandro
por haber convertido a Hermenegildo al catolicismo. Y el
santo aprovechó el destierro para escribir dos libros
contra el arrianismo, probando que Jesucristo sí
es verdadero Dios y que los herejes que dicen que Cristo
no es Dios, están totalmente equivocados.
El rey Leovigildo, estando moribundo,
se dio cuenta de la injusticia que había hecho al
desterrar a Leandro y lo mandó volver de España
y antes de morir le recomendó que se encargara de
la educación de su hijo y nuevo rey de España,
Recaredo. Y esto fue algo providencial, porque el santo
obispo se dedicó a instruir sumamente bien en la
religión a Recaredo y lo hizo un gran católico.
Y luego, San Leandro, demostró tal sabiduría
en sus discusiones con los jefes arrianos que logró
convertirlos al catolicismo. Y así toda España
se hizo católica: El rey Recaredo, sus ministros
y gobernadores y los jefes de los arrianos. El que más
alegría sintió por esto fue el Sumo Pontífice
San Gregorio Magno, el cual envió a San Leandro una
carta de felicitación y lo nombró Arzobispo.
Vuelve a Sevilla su Arzobispo al disminuir
la tensión del rey Leovigildo y lo verá morir.
Leandro, en el 589, convoca el III Concilio de Toledo donde
Recaredo, que ha sucedido a su padre en el trono, abjura
de los errores arrianos y hace profesión de fe católica
lográndose la unidad del reino visigodo y la paz.
Sobreviene como esperada consecuencia una renovación
en la vida religiosa, un resurgir de las letras y una fresca
ganancia en el terreno de las artes. La conversión
paulatina a la fe católica de los arrianos visigodos
del reino es sincera y la deseada unidad ha encontrado el
vínculo de cohesión en la unidad de la fe.
Lo que intuyó el rey Leovigildo, pero con signo contrario;
en esta ocasión, triunfó la verdad.
San Leandro reunió a todos los
obispos de España en un Concilio en Toledo y allí
dictaron leyes sumamente sabias para obtener la santificación
de los sacerdotes, y el buen comportamiento de los fieles
católicos. Para recordarle a la gente que Jesucristo
es Dios como el Padre y el Espíritu Santo, mandó
este buen arzobispo que en la Santa Misa se recitara el
Credo que ahora se dice en las Misas de los domingos (costumbre
que después siguió la Iglesia católica
en todo el mundo). Dios, a las personas que quiere hacer
llegar a mayor santidad las hace sufrir más, para
que ganen más premios en el cielo.
San Leandro sufrió de muchas enfermedades
con gran paciencia. Y uno de los males que más lo
atormentó fue la gota, en las piernas (o inflamación
dolorosa de las articulaciones por cristalización
del ácido úrico). El Papa San Gregorio, que
también sufría de ese mismo mal, le escribió
diciéndole: "Dichosa enfermedad que nos hace
ganar méritos para el cielo y al obligarnos a estar
quietos nos brinda la ocasión de dedicarnos más
al estudio y a la oración".
Ahora, y hasta su muerte en el año
601, el sabio y santo Arzobispo deja de ser un hombre influyente
en la política del reino. Le ocupa el alma el ansia
de hacer el bien. Mucha oración, atención
a las obligaciones pastorales, estudio de la Sagrada Escritura,
penitencia por los pecados de su vida, y la carta que escribe
a su hermana Florentina que llega a servir de pauta para
la vida monástica femenina hasta el punto de ser
llamada «la regla de San Leandro» le llenaron
su tiempo.
San Leandro murió en el año
596 y España lo ha considerado siempre como un gran
benefactor y como Doctor de la Iglesia.
Sevilla tiene motivos para mostrar orgullo
con un santo así ¿verdad? Hay quien afirma
que los santos pertenecen a todos y posiblemente no les
falte razón, pero ¿no podrán pertenecer
a algunos un poco más?
San Leandro se ha hecho famoso porque
fue el que logró que se convirtieran al catolicismo
las tribus de visigodos que invadieron a España y
el que logró que su rey se hiciera un fervoroso creyente.
INVOCACIÓN: “San Leandro
bendito: que también los gobernantes de ahora se
conviertan como tu discípulo Recaredo, en fervientes
católicos. Amén.”.
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Regreso